"Si veo algo que me gusta en Style.com, lo único que tengo que hacer es mandar por e-mail la imagen a mi fábrica pidiendo algo similar", dice Seema Anand, una empresaria norteamericana que sigue en simultáneo los desfiles de las semanas de la moda de Nueva York por Internet. Su fábrica está en Jaipur, la India, y puede enviar a las tiendas una imitación meses antes que la versión original.
La compañía de Anand, Simonia Fashions, es una de las tantas que hacen ropa más económica, "inspirada" en los looks que proponen otros diseñadores en las pasarelas. Fabrica para tiendas como Forever 21 y las conocidas Macy s y Bloomingdale s. Anand afirma que una de sus túnicas dorada con lentejuelas es casi idéntica a la de Tory Burch. De hecho, hizo cientos de este modelo a pedido de Bloomingdale s para su etiqueta Aqua. Mientras que el vestido de Tory Burch cuesta 750 dólares, el de Anand sólo 160.
Clima de discordia Esto provocó un debate en la industria norteamericana de la moda. La copia, que siempre existió en este medio, se ha vuelto tan alevosa actualmente que se convirtió en prioridad uno para el Consejo de Diseñadores de Moda de América, que ahora está cabildeando para que el Congreso extienda la protección del copyright a la ropa.
Nueve senadores presentaron un proyecto de ley que defiende la moción. Estiman que las imitaciones representan al menos el 5% de los 181 mil millones del mercado americano de la indumentaria. Convertirlas en ilegales será una dura lucha porque muchos revendedores las apoyan sin ver nada malo en ellas, especialmente porque los originales son cada vez más costosos. Los críticos del grupo de los diseñadores argumentan que las copias son buenas para la moda porque los incentiva a seguir creando para mantenerse en el candelero.
"Para mí, el problema no reside exclusivamente en la copia, sino en la cuestión tiempo; las imitaciones llegan al mercado mucho antes que las versiones originales", asegura Anna Sui, uno de los más de 20 diseñadores que han iniciado juicios a Forever 21.
Los diseñadores ya comenzaron a presentar demandas por la imitación de su ropa, ahora quieren extender la prohibición de falsificar carteras y anteojos que llevan su logo y que suman cerca de 12 millones de dólares en ventas.
Es muy difícil dar cifras precisas del problema ya que diseñadores y revendedores no se ponen de acuerdo sobre lo que consideran "copia" y "simple inspiración" basada en una tendencia, algo normal y que forma parte del métier de la moda.
Ejecutivos de tiendas y cadenas revelaron que habría una red de fábricas altamente competitiva que utiliza tecnología de última generación para reproducir modelos con la impunidad y rapidez de Robin Hood. Y esas copias no violarían las leyes existentes.
"Este es un requerimiento del mercado. Si un comprador nos dice esto es lo que necesito, se lo hacemos; ése es nuestro negocio", sostiene Anand. Su compañía, con 10 empleados en el salón, vende por un valor de 20 millones de dólares anuales, alrededor del 80% corresponde a ventas bajo la marca privada de grandes tiendas como Bloomingdale s y Macy s, o de otras cadenas especializadas como Forever 21, Rampage y Urban Outfitters. Ellos también fabrican su propia marca: Blue Plate.
En la fábrica de Jaipur la compañía tiene 2000 obreros especializados en hacer patrones, diseños y sastrería, y están equipados con programas de computación que reproducen el modelo de una prenda tomada de una imagen de Internet, con absoluta precisión sin necesidad de sacar las costuras y desarmar la pieza.
La fábrica puede entregar muestras terminadas a los 14 días. "A veces los resultados son espantosos, pero otras son tan espectaculares que impresionan. Hacen un trabajo mejor que el del diseñador", afirma. Y puede entregar a las tiendas su versión de los estilos de las pasarelas entre cuatro y seis semanas después de que los encargan.
El corte y los detalles de una prenda no pueden registrarse bajo las actuales leyes vigentes; aunque los logos y los estampados originales pueden protegerse. Anna Sui demandó a Forever 21, que tiene 400 tiendas y vende por más de mil millones de dólares, por plagiar sus estampados más de 26 veces. "Parece que su manera de hacer negocio es ésa, buscar cosas de otros diseñadores populares en el mercado y copiarlas", sostiene Marya Lenn Yee, abogada de la señora Sui. Por otra parte, una vocera de Forever 21 alega por medio de un e-mail: "Trabajando con una base tan enorme de vendedores, y comprando cientos de modelos de ellos, es muy difícil detectar con certeza el origen de cada uno".
Mientras los diseñadores advierten que de no poder frenar la escalada de las imitaciones el negocio corre peligro, gente como Anand sostiene que sus reproducciones de los estilos de los diseñadores son lo suficientemente diferentes como para no violar la propiedad intelectual. "No copiamos todo; lo modificamos, nos inspiramos en ellos, pero lo recreamos", explica.
Ella cree que su trabajo cubre la necesidad de una gran cantidad de consumidores que no tiene acceso a los precios de los originales. "Especialmente proveemos a las chicas jóvenes, que no tienen tanto dinero; ellas quieren verse fabulosas y tienen derecho a eso, nosotros las ayudamos para que puedan hacerlo", concluye.
Palabras Clave: estilo