Obviamente para ser Mistress se debe tener un carácter dominante. Yo
siempre recibí esta palabra como un insulto
"Eres una dominante" "Quieres
imponerte siempre" y yo lo negaba. No, no soy. Yo tenía argumentos siempre para
dominar las situaciones. Pero el sexo era cosa de la educación judeocristiana,
mis amigos.
En sexo me tocaba ser buena chica, por mucha libertad que
hubiese llegado, se trataba al fin y al cabo de más de lo mismo, la mujer se
enamoraba después del sexo y el hombre no. La mujer ponía corazón y el hombre
solo hormonas.
Yo fui Domina por amor.
Un esclavo, el peor de todos,
despertó en mí todos estos instintos reprimidos. Despertó al Cisne.
Fue una
historia complicada con un esclavo complicado, que no se quería dar a mí, que no
confiaba porque yo era demasiado dulce y me dejó.
Luché como una leona para
romper sus murallas.
Pensaba que no era normal que el esclavo estuviese allí
rechazando y la Diosa buscando, pero el Dominio es complicado. Me busqué amigos
esclavos, maids, sumisos...para conocer el espíritu de sumisión, pero no
encontraba la "password".
Y cuando la encontré, cuando finalmente cedió y
confió, fui la Dominatrix más segura y orgullosa del mundo. Había conquistado el
perro más desconfiado de la jauría.