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Añadido 18/01/2008 11:26:52 por Miguelangel
Ninguno
Estado nación, exclusión social y demagogia
Realidad actual de la Población Arturo Prat de Copiapó.

"Se verificará, entonces, una tensión creciente entre la inclusión política que traen consigo las democracias y la exclusión social de la nueva fase de modernización" ( Julio Sarmiento)

En el momento en que presenciamos con el paso del tiempo como la historia ha transformado naciones, regiones, ciudades y poblaciones completas, desde un estado de atraso, de subdesarrollo; a un estado, a su objetivo, es decir a la modernidad, desde lo adcriptivo a lo adquisitivo; vemos como esta modernidad ha luchado contra la exclusión, el aislamiento y la segregación, proponiendo una interdependencia, una interrelación e intercomunicación con todos los actores sociales, en definitiva la promesa de una relación estrecha entre el Estado y la Sociedad civil.
Desde el nacimiento de los estados nacionales se han forjado límites, delimitación de territorios y al mismo tiempo una delimitación demográfica o social, que se hacen necesarios al entrar en contacto con otras formas de vida o con otras formas de ver la realidad, se hace necesaria en un mismo proceso la distinción y la semejanza, es la lucha por el autorreconocimiento y el reconocimiento de los demás. Creemos que los límites más importantes y que tienen vigencia hasta nuestros días son los que propone Frederick Barth, es decir los límites sociales por sobre los territoriales, que tienen que ver con características de orden subjetivo, en definitiva ¿qué nos distingue de los otros, de la alteridad? ¿Serán atributos físicos y territoriales?, empíricamente esto es efectivo y cierto, pero en definitiva lo que nos hace diferente son imágenes mentales atribuidas a los diferentes sectores o recortes de la sociedad.
Frente a la crisis de pertenencia, de identidad se discute bastante la necesidad de compartir un pasado común que nos dé un sentido de unidad y permanencia en el tiempo, no obstante hay que señalar que este recuerdo lleva en su interior el olvido y el anonimato. La amnesia y el olvido se generaron a partir de las conquistas, se forma una jerarquía de clases, se recuerda y se olvida según sea la clase dominante, esto provoca la existencia de diferencias internas en cualquier sociedad, se oculta y además se niega. Aunque la memoria no es patrimonio exclusivo del Estado, este dicta lo se deberá recordar y también olvidar, recuérdese como el gobierno militar llevo acabo políticas de inclusión por exclusión, el proceso de chilenización en el norte del país es un buen ejemplo de cómo dentro de la sociedad existieron y existen subgrupos que son innombrados frente al discurso oficial. Cuando avanzamos a la modernidad se hace necesaria una memoria individual y colectiva, se recuerda, se conmemora, así "un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia". Una nación no se diferencia por su cultura sino por la organización, por la estructura política, social y económica, esta estructura se va modificando, acá opera el olvido, por ejemplo en el sistema educacional se trasmiten conocimientos en forma selectiva, para reproducir la estructura, la cultura usa al Estado para mantenerla, la base que sustenta a la nación es la estructura, nos señala Gellner.
Pues bien, no se ha tratado de hacer una discusión academicista sobre el asunto de las identidades, ni sobre el rol del Estado actual, mas bien la intención ha sido un llamado a la conciencia y la voluntad política, a propósito de las últimas elecciones parlamentarias que se desarrollaron en todo el país y particularmente en nuestra región, dado que a pesar de la promesa, el ideal de la democracia de una visión integral, amplia y consensuada que asegurara una integración real, además de la no-discriminación, pues queda un aspecto que resaltar, es que contra aquella promesa, si antes eran las monarquías hoy es el Estado el que asume discursos diferenciadores con respecto a la sociedad, en estos términos hoy en día existen muchas personas, poblaciones enteras que quedan fuera de este juego, de esta relación supuestamente tan estrecha entre el Estado y la sociedad civil. Existe un discurso interno que nos hace reconocernos como tales, pero hay otro discurso más amplio, supuestamente también consensuado que nos dice y nos hace saber que no pertenecemos a los lineamientos básicos de esta forma de hacer política. Es así como desde los Estados nacionales se ha distinguido desde siempre lo bueno de lo malo, la alta cultura de la baja cultura, la buena de la mala educación, principal agencia estratégica para la reproducción de esta estructura que nos constriñe y nos excluye de diferente forma.
Patricio Alfaro G.

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