
Buenos Aires, 7 de julio (Reporter). Con excelentes actuaciones de Pablo Echarri, Carlos Belloso, Carlos Santamaría y Vando Villamil y un notable trabajo de escenografía y puesta en escena, debutó en el teatro Lola Membrives la obra de suspenso psicológico "The Pillowman (El Hombre Almohada)".
Escrita por el irlandés Martin Mc Donagh, la pieza -que debutó el fin de semana en el teatro Lola Membrives con dirección de Enrique Federman- se centra en un escritor que, en medio de un régimen totalitario, es encarcelado bajo sospecha de estar conectado con los macabros asesinatos de unos niños.
Katurian (Echarri), un escritor de ficción, es detenido por las autoridades y dejado bajo custodia de los efectivos Tupolsky (Santamaría) y Ariel (Villamil).
El protagonista intuye que lo encarcelaron por motivos políticos. Sin embargo, los policías le revelan que se lo acusa de haber cometido crímenes que son idénticos a varios de los cuentos en los que detalla cruentos asesinatos de infantes.
Para obligarlo a confesar, los uniformados también encarcelan a Michal (Belloso), el hermano retrasado de Katurian, y, supuestamente, lo torturan para que ambos confiesen su participación en los crímenes.
Sin embargo, como en los depresivos cuentos que escribe el personaje central, la historia tendrá más de una vuelta de tuerca. Así, se revelará un oscurísimo secreto familiar y se descubrirá quién mató a los niños y por qué.
Además, habrá espacio para una reflexión sobre la crueldad que pueden encarnar las fuerzas de seguridad en un estado totalmente opresivo.
Con toques de humor y mucho suspenso, en "The Pillowman" se destacan las interpretaciones del cuarteto protagónico. Echarri, a quien la mayoría de sus papeles televisivos no le dejan lugar para lucirse, sorprende con su lograda encarnación del sufrido Katurian, mientras que Belloso vuelve a sorprender como el desequilibrado Michal.
Por su parte, Santamaría está perfecto como el frío y calculador Tupolsky, mientras que Villamil le aporta intensos matices a Ariel, un uniformado duro pero que, en el fondo, es mucho más humano que su compañero.
En la puesta, también sobresalen la escenografía de Alberto Negrín, que respeta la de la puesta original que se presentó con gran suceso en el West End londinense y en Broadway; y las digresiones en el relato que ponen en escena un hecho de la niñez del escritor y su hermano y -por medio de un video- uno de los cuentos que es una pieza clave en el segundo acto de la obra. (Reporter)
ML
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